Consejos

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA HACER EL CAMINO (ANDANDO)

TOMAR LA DECISIÓN

El hecho de estar leyendo estas líneas supone, cuando menos, una intención de realizar el Camino, que, ciertamente, en cuanto al aspecto físico del esfuerzo que pueda suponer, está al alcance de prácticamente todas las personas; no existe ningún secreto, simplemente consiste en dosificar las fuerzas; debemos planificar las etapas del Camino y demás aspectos, adaptándolo a nuestras posibilidades físicas y tiempo disponible.

Dentro de lo posible, sería conveniente tomar la decisión cuanto antes, pues inmediatamente deberíamos iniciar los entrenamientos, que deberán estar relacionados con las etapas que hemos previsto realizar no será el mismo para quien tiene previsto hacer etapas de 35 ó 45 kilómetros o de 20 ó 25 kilómetros.

Forma de hacerlo y época para recorrerlo Es muy normal que la persona que piensa hacer el camino, tenga sus dudas de si hacerlo solo o en compañía; la respuesta seria que hacerlo solo es la forma de no tener que depender de nadie para ninguna toma de decisión, que en ningún momento se va a encontrar solo y que podrá disfrutar en toda su plenitud del Camino y de la búsqueda interior que supone hacerlo. Entendemos que no supone tampoco ningún peligro, pues el recorrido está muy definido y, salvo en épocas muy de invierno, es casi seguro que a escasos kilómetros, otro peregrino le sigue y, en caso necesario, le auxiliará. No obstante, en el Camino podrás encontrar la compañía apropiada.

EPOCA PARA RECORRERLO

Supuesto que podamos elegir la época o mes para hacerlo, cada cual tiene su encanto, pero nos inclinamos por primavera y otoño; finales de abril, mayo, junio, septiembre, son meses espléndidos, con días larguísimos, sin los rigores del calor del verano y, además y quizás lo más importante, con muy pocos peregrinos, pues debe tenerse en cuenta que prácticamente el 75 % lo hace en los meses de julio y agosto, con lo que supone de masificación, mientras nuestra opinión es que, en realidad, se trata de un Camino de búsqueda, soledad y silencio.

ENTRENAMIENTO Y CUIDADOS

Ya hemos tomado la decisión y, por tanto, tenemos que empezar rápidamente con los entrenamientos; al Camino, dentro de los posible, tenemos que ir a disfrutar de lo mucho que tiene, nos tenemos que concentrar en él y su filosofía, que la tiene y muy rica por cierto y olvidarnos de la fatiga, ampollas y pies. Si no estamos muy acostumbrados a andar, al principio deberemos empezar con cortos paseos, que se irán alargando progresivamente, especialmente los fines de semana; si es posible con salidas al monte, para habituarnos a las subidas y bajadas, hasta que lleguemos a dominar la distancia que creemos será la de las etapas a realizar.

Las últimas salidas las deberíamos realizar con la mochila cargada para irnos haciendo a su peso y, a la vez, nos puede servir para damos cuenta si el peso que llevamos es excesivo, pues es muy distinto hacer un domingo 25, 30 ó 35 kilómetros., llegar a casa, ducharnos, dormir en nuestra cama y al día siguiente seguir con la vida normal. Sería conveniente, en los últimos fines de semana, tratar de salir a andar con la mochila el viernes por la tarde y hacer el máximo de kilómetros., el sábado lo mismo y de nuevo el domingo con el equivalente en kilómetros. De las etapas previstas; si lo hacemos sin grandes problemas, llegar a Santiago solo será cuestión de días.

Hay que tener en cuenta que el auténtico entrenamiento lo realizaremos en el propio camino y nos será más fácil hacer 40 kilómetros., en el último tercio del recorrido, que 25 en el primero. No obstante, para los que no hayan tenido posibilidad de entrenarse antes de empezar, indicarles que el mejor entrenamiento es la propia realización del Camino, pero que, en su caso, deberán empezar de forma muy suave y, poco a poco, aumentar las distancias, en la seguridad de que el propio cuerpo nos avisará si estamos actuando correctamente.

CAMINAR TAMBIÉN TIENE SU TÉCNICA

Si tenemos costumbre, sobran los comentarios, pero para quien no la tenga, le indicamos que es conveniente, por supuesto dependiendo de múltiples factores (edad, peso corporal, de la mochila, etc.) empezar suavemente, nunca con prisas, hasta que el cuerpo se caliente. Cuando se acelere, con marcha regular y continua, dentro de lo posible, con paso suave y rítmicos. También es conveniente, antes de empezar a andar, realizar algunos estiramientos, especialmente de las piernas, colocándonos con las manos contra la pared, e ir apoyando paulatinamente toda la planta de los pies, hasta notar una cierta tensión detrás de las rodillas, a medida que el cuerpo se va acercando al suelo. Es muy posible que el propio camino nos obligue a realizar paradas muy frecuentes, para ver algún monumento iglesia, realizar cualquier pregunta, sacar alguna foto, etc., pero, en principio, deberíamos descansar, cuando menos, diez minutos cada hora o dos horas, o más, si fuera necesario. No obstante, el mismo cuerpo, la climatología o cualquier otra circunstancia, nos lo indicarán o pedirán.

Mientras se camina hay que mantener siempre un paso que nos resulte cómodo, que nos permita, sin ningún tipo de esfuerzo, poder mantener una conversación, Caminar tiene que llegar a ser tan natural como respirar, que lo hagamos sin darnos cuenta. En terreno llano, vayamos con nuestro paso normal, ni demasiado largo ni demasiado corto; en las subidas, puesto que no tenemos prisa, con paso más corto y lento, acaso aflojándonos el cinturón de la mochila para poder respirar mejor y apoyando el pié con la totalidad de la planta en el suelo, para evitar sobrecargar determinadas zonas. En las bajadas y siempre que el piso nos lo permita, con paso largo y rápido, clavando bien los tacones y quizás apretando un poco más la mochila a la cintura, para que nos descansen los hombros.

Terminaremos dando sobre un millón de pasos, pero no tenemos que descuidar ninguno y ver donde ponemos el pié; un solo paso mal dado nos puede obligar a retiramos; por tanto, especialmente cuando vayamos por terrenos accidentados, de piedra suelta o guijarro, deberemos estar atentos al pisar.

Por supuesto, si vamos en compañía de alguien que tenga el paso más rápido, no debemos tratar de seguir su ritmo, pues, en solo unas horas, nos puede dejar destrozados; será conveniente, por tanto, que el que más ande, se coloque el último y no marque el ritmo. Es conveniente ayudarse, tanto en las subidas como en las bajadas, con el bordón, que, además hace menos monótono el andar.

COMBATIR LA FATIGA.

No nos tiene que asustar la fatiga; a medida que recorremos el Camino, comprobamos la maravilla del cuerpo humano. Cuando por la noche nos acostamos muy cansados, acaso en el duro suelo, nos resultará increíble comprobar, al día siguiente, que estamos como nuevos; el reposo nos ha devuelto todas nuestras fuerzas y cada día nos afectan menos los kilómetros. Unos masajes en las piernas, dados por nosotros mismos, son de agradecer; por otra parte, no es obligación descansar solo en los refugios, en todo momento tenemos que hacer lo que el cuerpo nos pida, y si nos pide descansar, no tenemos más que tumbamos, cualquiera que sea la hora del día, especialmente después de comer, a la sombra de un árbol, a la orilla de un río o donde se pueda.

Hay que descansar, cuando no estamos excesivamente cansados, para tener una buena recuperación; si llegamos al agotamiento la recuperación será mucho más lenta y problemática. Si nos encontramos muy cansados deberíamos, incluso, descansar un día completo por semana. Burgos y León podrían ser buenas excusas para descansar. Es muy recomendable, especialmente para los que realicen jornadas de 30 ó 40 kilómetros, tomar, durante o al final de la etapa, alguna bebida energética que reponga las sales minerales perdidas. Es también muy importante, para evitar el cansancio muscular, beber mucho líquido y, lo repetiremos una vez más, el peso de la mochila hay que limitarlo. Lo ideal es no llegar nunca al límite de nuestras fuerzas.

CUIDADO DE LOS PIES

El principal enemigo de los pies es el peso de fa mochila; si hemos entrenado antes de salir, no debemos tener en absoluto ningún problema con los pies ni ampollas en los mismos. Desde el primer día de los entrenamientos, tenemos que dedicarles una atención especialísima, pues son ellos los que nos tienen que llevar hasta Santiago y, si los mimamos, nos llevarán sin ningún problema. Es importantísima la higiene y lavado de los pies; por tanto, al terminar la etapa del día, caso de no poder duchamos, cuando menos deberemos lavarlos cuidadosamente y, si tampoco tuviéramos agua, deberíamos darnos, al acostarnos, crema de saltratos, que alivia la fatiga y los refresca.

Para evitar las ampollas, todos los días, antes de comenzar a andar, les aplicaremos un poco de vaselina, especialmente en y entre los dedos, planta y talón. Todos los días, después de darnos la vaselina, bien limpios, ponernos los calcetines de algodón, sin costuras, si llevamos zapatillas y si levamos botas, además de los de algodón, otro par de lana, también limpios, pase lo que pase.

Caso de ampollas, los médicos no lo aconsejan por entender que es un sufrimiento innecesario, pero es muy efectivo: quemar una aguja de coser para esterilizarla y atravesar la ampolla con la aguja en la que previamente habremos enhebrado un hilo, dejando el hilo dentro de la ampolla para que drene y cortándolo por los extremos a un par de centímetros de la ampolla.

Recordar también que no es conveniente ducharse antes de empezar a andar, especialmente con agua caliente y durante mucho tiempo, pues la piel de los pies se queda amargada y más propensa a ampollas. Por el contrario, ningún inconveniente en cuanto a refrescar los pies en una fuente o riachuelo, por corto espacio de tiempo, teniendo la precaución de secarlos muy bien; la mejor forma es que Se sequen al aire.

ALIMENTACIÓN

Lo que sí es seguro es que estamos realizando un esfuerzo mayor que en nuestra vida normal y quemando más calorías, por lo que, en absoluto, debemos comer menos o aprovechar el camino para perder unos kilos; la alimentación la tenemos que llevar con seriedad, así como la ingestión de líquidos. Ya hemos señalado anteriormente cuanto a llevar, que era suficiente para emergencias, unos frutos secos, pasas, higos, nueces y chocolate, según la temporada, acaso también un poco de pan, chorizo y queso. El mayor problema lo tendremos con el desayuno, pues es casi seguro que donde hayamos pasado la noche, si hay albergue, tengamos un bar para cenar, pero también que ese bar, cuando salgamos por la mañana, esté cenado.

Al desayuno y comida no hay que darles más importancia que la que tienen; tenemos que comer, pero no ser tan estrictos con las horas; no pasa nada si desayunamos a las 12 o comemos a las 5 de la tarde; para eso tenemos los frutos secos. En cuanto a la bebida, tres cuartos de lo mismo, incluso entendemos que no hace falta cantimplora; el mayor recorrido sin agua podría ser de 15 kilómetros.; lo que tenemos que hacer, es igual que lo que hacemos con el coche; repostar o beber agua “a tope” donde la haya, sin pretender que la vayamos a encontrar cuando tengamos sed. Por tanto, hay que beber agua, especialmente en verano, hasta saciarnos. No obstante, para las personas que se apuran si no llevan agua, existen unas cantimploras-termos que mantienen bastante bien la temperatura. Además hay agua en todos los pueblos y, en caso de necesidad, se puede pedir en cualquier casa y tendremos la oportunidad de conocer la amabilidad de las gentes del Camino. En diversos bares y restaurantes, se está implantando también el «menú del peregrino’, a precios bastante ventajosos y de una cierta austeridad, que es como entendemos que debemos comer.

EQUIPO, BOTAS O ZAPATILLAS

Además de la costumbre, la época en que pretendamos hacer el Camino, será la que nos aconseje. En fechas normales, de mediados de abril a septiembre, podríamos hacerlo con zapatillas de deporte, eso si, que tengan un piso relativamente grueso y que sean, acaso, medio número mayores que el nuestro y si son de horma ancha, mejor, pues el pié, por el peso de la mochila, los kilómetros, calor, etc. se va deformando y ensanchando. De optar por las botas, será suficiente con las de media montaña o de tipo trekking, a poder ser no muy afta de caña, pues terminan molestando. Es muy interesante que, desde el principio, vayamos ‘haciendo’ las zapatillas o las botas. Entendemos que tampoco hace falta llevar otro par de repuesto, ya que lo que pretendemos es eliminar al máximo el peso de la mochila; lo importantes que, cuando lleguemos a un albergue, tengamos algo seco que calzarnos y esto lo podemos conseguir con las chancletas que también utilizaremos para la ducha.

Si está lloviendo, no adelantamos nada con cambiarnos; si escampa, el mismo ejercicio de andar terminará por secar el calzado. Al llegar al albergue podemos introducir unas hojas de periódico para ayudar a secarlo. Lo que, en ningún caso deberemos hacer, es estrenar el calzado en el propio Camino.

MOCHILA

Capítulo especial merece fa mochila, pues, como ya lo hemos repetido, es la que nos puede originar mayores problemas en tos pies. Que sea cómoda, mejor anatómica y con sujeción a las caderas, no a la cintura; si es también con bolsillos laterales, facilita grandemente su utilización e, incluso, si tiene dos compartimentos, podríamos utilizar el de abajo para guardar el saco, pues nos permite sacarlo sin tener que vaciar la mochila.

Se puede aprovechar este mismo compartimento para guardar la capa, pues así, caso de necesitarla, la podremos sacar rápidamente. “Hacer” la mochila tiene también su importancia: los elementos más pesados, colocarlos más cerca de la espalda. Lo que se use poco en el fondo. Es conveniente llevar los utensilios que guarden relación entre sí en bolsas de colores, que no sean de plástico, para poderlas distinguir. Si las bolsas son de plástico hay que tener la precaución en los albergues, si se madruga, de dejar la mochila preparada la noche anterior, porque las bolsas de plástico pueden ser verdaderos “despertadores”. Los artículos de más uso y poco volumen, en los bolsillos laterales y en el bolsillo superior o cierre, la guía y la credencial. Atención a la mochila, que debe estar equilibrada en cuanto a la distribución del peso y no ladeada. Podemos “jugar” con la sujeción a las caderas para descargar de vez en cuando los hombros, al apoyar más la mochila en las mismas. No queremos pecar de pelmas, pero sería conveniente pesarla antes de salir y, si pesa más de lo recomendado, eliminar lo prescindible o aún lo imprescindible. En cualquier caso, creemos necesario establecer un límite de peso para la mochila cargada; lo ideal seria como máximo el 10 % de nuestro peso, por lo que aconsejarnos 6 / 7 kg. en el caso de mujeres y 7 / 8 kg. en el de los hombres.

La mayoría de los problemas de pies, tendinitis y demás que se nos puedan presentar, serán como resultado de una mochila demasiado pesada. NO CARGARLA EN EXCESO.

ROPA / ESTILO.

En el apartado de equipo hemos señalado lo que entendemos imprescindible, adaptado al hombre en cuanto a las prendas, pero que se puede aplicar a la mujer sin problemas y pensado para realizar el camino en primavera, verano y principios del otoño. Caso de querer realizarlo en fechas que rozan el invierno, teniendo en cuenta que muchos tramos del camino discurren a alturas de unos mil metros, habrá que llevar prendas de más abrigo, guantes, gorro o pasamontañas, botas y prever que, para secar la ropa, utilizar los albergues y demás, tendremos serias dificultades, pero la experiencia merece la pena, pues es un camino totalmente distinto. En cuanto al estilo, el Camino de Santiago merece un respeto, al margen de nuestras creencias religiosas, por lo que consideramos que se debe vestir con cierta compostura, evitando esas prendas deportivas de estilo aventura, sin que ello vaya en detrimento de la comodidad. Deberíamos ir limpios y aseados en lo posible y llevar visible la vieira en la mochila. Por supuesto, somos enemigos de la radio o elementos parecidos en el Camino; bastante los tenemos que soportar en nuestra vida habitual.

ALBERGUES

A lo largo de todo el recorrido, existe una serie de albergues, que varían prácticamente, en función de las fechas, afluencia de peregrinos, etc. indicamos los más estables. Hay que tener muy en cuenta, que la mayoría de los albergues, sean parroquiales o municipales, no cuentan con ningún tipo de subvención, por lo que se mantienen con la “voluntad” de los peregrinos, que, a veces, no es mucha, lo que puede poner en peligro su continuidad, pues tienen una serie de gastos de limpieza, electricidad, mantenimiento, etc., que deberíamos sufragar, quienes los utilizamos, mediante nuestras pequeñas aportaciones; es aconsejable, por no decir obligatorio, dejar en el cepillo correspondiente la voluntad, pensando que estamos favoreciendo a los que vienen detrás de nosotros. Como ejemplo, en el refugio de Belorado, existe un “bote” que indica “para la comida de mañana”. Este bote lo colocó, en Su día, Ana María, una extranjera, que, al igual que otros muchos e incluso Asociaciones de Amigos del Camino, ceden parte de sus vacaciones y se vienen a trabajar en un albergue, habiéndose recuperado la figura medieval del “hospitalero”, persona, generalmente antiguo peregrino, que está en un albergue para ayudar a los peregrinos en todo lo que necesiten, manteniendo las instalaciones y servicios en condiciones, dando ánimos y consejos a los peregrinos, curándoles las ampollas, etc.; son los nuevos ángeles del Camino que, desinteresadamente, se prestan a atenderte. Si algún día te animas a imitarles, ten en cuenta que será simplemente otra forma de realizar el Camino y no menos gratificante que andando. Ponte en contacto con la revista PEREGRINO, apartado de correos 315, código postal 26080 de Logroño (La Rioja); o www.caminosantiago.org, o con la Asociación de amigos del Camino más próxima a tu domicilio, donde te informarán ampliamente sobre la forma de hacerte hospitalero.

Hay que tener muy en cuenta y más ahora que también se han puesto de moda los coches de apoyo, que en los albergues NO EXISTEN RESERVAS, es decir, el que llega primero es el que ocupa el sitio y no es válido que el del coche coloque en las camas o literas las mochilas de los que vienen andando.

Asimismo, deberás utilizarlos y dejarlos en perfectas condiciones, pues detrás de ti, vendrá otro peregrino al que le apetecerá encontrarse todo en perfecto orden. También deberemos dejar nuestras cosas ordenadas, procurando ocupar el menor espacio posible y, por supuesto, a la noche acostarse a una hora prudencial, que pensamos no debería ser después de las 11, pues aunque tú no tengas previsto madrugar mucho, seguro que otros peregrinos se levantarán a las 5 ó 6 de la mañana. El refugio deberá quedar libre para las 8 de la mañana, al objeto de que pueda ser limpiado debidamente y de que el hospitalero pueda preparar su comida, y recibir a los peregrinos a partir de las 16,00 horas.

Por la mañana, levantarnos haciendo el menor ruido posible, para lo que será conveniente que hayamos dejado prácticamente preparada la mochila.

Con respecto a los ciclistas y teniendo en cuenta que éstos tienen más facilidad para recorrer más kilómetros, se les aconsejará, nunca obligará, a que traten de pernoctar en determinados albergues que tienen mayor capacidad de acogida, pues en los de pocas plazas terminarán copándolas al llegar los primeros y ser más difícil, para el que va andando, hacer unos cuantos kilómetros más.

DISTRIBUCIÓN DE ETAPAS

Lógicamente, con los datos que te proporcione tu guía y conociendo tus posibilidades, antes de salir, habrás previsto cuáles etapas a realizar. Antes de seguir adelante, un consejo: PROCURA HACER EL CAMINO ENTERO DE UNA SOLA TIRADA y digo esto porque ahora se está poniendo de moda hacer cortas etapas de fin de semana, puentes y demás, para quitarle unos kilómetros y ya, más adelante, y ahora de un tirón, desde León, Ponferrada u otros sitios, ya relativamente cercanos, llegarse hasta Santiago.

Por supuesto, no tenemos nada en contra, pero esa no es la forma de disfrutar plenamente del Camino de Santiago. Hecho este inciso, volvamos al tema de las etapas, que no tienen que ser inamovibles con respecto a lo que habíamos previsto. Cualquier acontecimiento y puede ser éste el quedarte charlando con un pastor o un campesino, te puede obligar a rehacer las etapas. Casi diríamos que el reloj debernos dejarlo en casa y, por tanto, también las prisas; tener la “obligación” de llegar a determinado punto, suele ser causa de muchos abandonos. La improvisación no debe existir antes de comenzar el Camino pero, una vez en é1, resulta hasta más apasionante. Las etapas, lógicamente, las tendremos que prever en función de los albergues y con la seguridad de que no nos faltará, si lo necesitamos, un suelo y un techo, aunque tampoco es una tragedia dormir bajo las estrellas.

ANTES DE PARTIR CADA DIA

Es conveniente que leas detenidamente tu guía y de que te informes de todo lo que puedes ver en la etapa prevista, incluso teniendo en cuenta posibles modificaciones. Ten en cuenta, si piensas salir acaso antes de amanecer, que, por la mañana no se verá y probablemente no te encuentres con alguien que te pueda informar, por lo que es interesante que te enteres perfectamente del camino a seguir.

Si así lo haces, aprovecharás mejor tu tiempo y no te perderás nada de lo que consideres interesante. Cerciórate de que tendrás un bar o tienda donde poder comer o comprar comida, de si hay fuentes o hace falta llenar la cantimplora, si necesitas acudir a un banco o caja, etc. Procura improvisar en lo que realmente merece la pena, pero que no tengas que lamentarte por no haber tenido qué era lo más interesante que podías hacer o ver ese día.

SEÑALIZACIÓN

 Otra de las cuestiones que preocupan al peregrino antes de salir, desconociendo cómo es el Camino, es si no se perderá. Afortunadamente creemos que la señalización es suficiente, pues además de las indicaciones y mapas que te proporciona fa guía, en cada cruce tendrás una señal de pintura amarilla o un trozo de plástico amarillo colgado de una zarza o, incluso, las marcas rojas y blancas de las GR, muy abundantes en el Camino. También se está poniendo de moda plantar distintos árboles a la vera del Camino, por Navarra, La Rioja y en Galicia. También nos están ‘construyendo» caminos artificiales”, algunos con bastante acierto, desde Cebreiro a Lavacolla, pero, por el contrario, en el trozo de Sahagún a Mansilla de las Mulas, por el Burgo Ranero, nos han estropeado uno de los parajes más bonitos, para construimos un “canil peregrino”.

Ya en Galicia, desde poco antes de Cebreiro, cada 500 metros, tienes un monolito de granito que te indica los kilómetros que te quedan hasta Santiago y el paraje donde estás.

Y nos queda, por último, la mejor señalización, siempre que sea de día y esté despejado el tiempo: EL SOL. El será nuestro guía a lo largo del camino; por la mañana temprano, nos dará en la parte izquierda de la nuca, a media mañana, en el brazo izquierdo y, a la hora de ponerse, en la parte izquierda de la cara, pues el Camino discurre en una línea casi perfecta de Este a Oeste.

NATURALEZA Y ENTORNO

El Camino será largo, kilómetros que caminando tendrán otro sentido. ¿Cuántas veces has viajado por alguno de estos lugares? Es de suponer que, alguna vez, te habrás emocionado con el despertar de la primavera o con un atardecer pero ¿con la tierra resquebrajada durante kilómetros o los pretiles para salvar caminos enfangados? Tal vez ni siquiera habías reparado en ello. Si comienzas por Somport, en Huesca, te esperan casi 135 kilómetros de carretera, duro. Si lo haces por Roncesvalles, el recorrido inicial es un poco más suave. A partir de Puente La Reina un único camino te acercará a Compostela o a Finisterre, según tus preferencias. Has visto el rocío en la mañana. Poner perlas temblorosas en las briznas de las hierbas y sobre las flores, antes o poco después de alzarse el sol. El rocío es abundante donde la tierra está húmeda y descubierta, cuando el tiempo está claro y la calma es perfecta. Cada gotita irisada forma los colores del arcoíris. Por minúscula que sea la gotita, refleja los colores fundamentales del Universo.

«Hijo mío, se tú esa ínfima gota de rocío que nace en un terreno de húmeda ternura cuando se levanta el sol en un corazón amante. Sé esta gota que en toda su pequeñez, en su medida, refleja la belleza del mundo. Y después, reabsorbe la luz y el calor del sol. Es el sol quien da el ser a las gotas de rocío». (Un monje de la iglesia de Oriente: Amor sin límites).

Termino estas notas con unos experimentados consejos muy fáciles de seguir para quien camina solo, quizá demasiado difíciles para quienes van en grupo, especialmente si el grupo es muy reducido. Más que consejos, son pura exigencia del Camino interior. Ellos solos se irán imponiendo en los sucesivos días de tu marcha. Confía en el Camino, déjale entrar, Considero que estos consejos son imprescindibles para quien haga del Camino un itinerario interior.

SILENCIO: Caminar hablando pocas veces. Mejor ninguna. Escuchar mucho: el lamento del roble, el ruido de tus pasos, la música del pájaro, la armonía del agua, el lento caminar de las estrellas. El silencio se llena de armonías, de “música callada”’.

SOLEDAD: Tú, en tu sola y misma mismidad. Solo frente al cielo, la tierra y, luego, el mar. Solo frente a Dios, sin otro mediador que Jesucristo, hablador sin sosiego ni descanso.

NO TENGAS PRISA: En el Señor del tiempo no hay horas, ni días, ni semanas. El ayer es hoy y el hoy mañana.

ESFUERZO: Andar, andar, andar. No sirve un camino confortable. Perderse en el monte, dormir en el suelo, bajo el chopo o en la litera. Lo que te den. Demorarse en la Cruz de Ferro… Sudar la gota gorda en el Cebreiro…

SOBRIEDAD: En la mochila, el primer día, te sobra casi todo. Pues igual en todo.

GRATITUD: El albergue gratis, la sonrisa gratis, el sol gratis, las estrellas gratis. Tu dinero gratis. La vida gratis, Dios el gratuito. EI camino es tuyo. El Camino puedes ser tú.